martes, 29 de julio de 2014

ARA SÍ TOCA. EL «CASO PUJOL»: SECRETOS Y MENTIRAS EN EL «OASIS CATALÁN»

Al calor de las noticias surgidas en los últimos días, buceando en la memoria sobre la primera imagen mental que conservo de Jordi Pujol i Soley (n. 1933) es la de un dibujo que realicé con diez u once años. En el mismo aparece, a toda página, Jordi Pujol vestido de Sancho Panza, a los lomos de un burro, y Josep Tarradellas ataviado con el traje de Don Quijote, tratando de fijar la posición de un equino. Desconozco si ese dibujo fue producto de la imaginación o simplemente me serví del modelo de una publicación en papel. En cualquier caso, ambos llegarían a compartir una idea similar de país y ocuparon, de manera sucesiva, el puesto de President de la Generalitat de Catalunya. A finales de una década que dejaría atrás por fortuna una época de oscuridad en la Tierra Media del estado español sometida a una Guerra Civil y la posterior etapa franquista, Jordi Pujol i Soley accedería al Trono de la Generalitat para quedarse por espacio de veintitrés años. Durante ese periodo no tan solo Jordi Pujol era el personaje de largo más popular de Catalunya sino que llegó a convertirse en una presencia diaria en los Telenotícies y, en general, en los medios de comunicación. Recuerdo que hacía broma al respecto, diciendo que en el estudio de TV3 donde se emitía el Telenoticies debían tener el retrato colgado de Jordi Pujol y, en un momento dado, la cámara enfocaba la imagen del "Molt Honorable". Para medir el alcance del conocimiento que podría tener la gente de Catalunya sobre Jordi Pujol el anecdotario nos ofrece una “foto” instantánea plenamente ilustrativa al respecto, más allá de lo que se relata en las notas biográficas publicadas en un sinfín de sitios, incluido la wikipedia. Catalunya tiene censados casi mil municipios. Pues bien, el ex President de la Generalitat presumía de haber estado en todos estos municipios, con alguna que otra salvedad presta a ser corregida. Además, Pujol se dejaba “querer” en los pueblos, hablando de manera distendida con sus habitantes y preocupándose por cuestiones que podrían evaluarse “menores” a los ojos de un político residente en una gran urbe. Sí, para muchos Pujol era Dios bajado a la tierra prometida en cuyo horizonte muchos querían ver y siguen viendo una idea de país emancipado del todopoderoso estado español. No lo sería para un servidor, manteniéndome durante todo este tiempo receloso sobre un personaje que parecía situarse por encima del Bien y del Mal, llegando a hacer célebre una frase, «Ara no toca», a partir del instante que un periodista le debió importunar con alguna pregunta fuera de la agenda de ese día. Calibré que ese era el típico gesto altivo de alguien que se siente legitimado por la púrpura del Poder, ejerciendo el «ordeno y mando» con firmeza. Pero no es menos cierto que en su última legistatura, desde sus propias filas de Convergència (el partido que cofundaría) i Unió se dejaron sentir las voces que abogaban por un relevo generacional. En el banquillo de CIU dos nombres se postularían con fuerza para sustituirlo: Josep Antoni Durán i Lleida, y Artur Mas. Finalmente, Artur Mas tomaría el mando de la dirección de CIU y después del experimento que supuso el tripartito (ERC + PSC + IC, una ecuación difícil de digerir), el delfín de Pujol ganaría la plaza de President de la Generalitat en 2010. Por aquel entonces, Jordi Pujol parecía pasar a la Historia de Catalunya conforme a una figura incuestionable, un referente inexcusable y un luchador por una patria que algunos empezaban a acariciar con la mirada puesta en la asunción de una serie de competencias en distintas materias, es decir, una mayor cuota de antonomía que diera alas a un anhelado estado independentista. En su calidad de pensador, estadista y hombre de estado, Jordi Pujol se plegaría a escribir por entregas sus memorias, eso sí, convenientemente pasadas por la destilería cuando tocaba evaluar los negocios familiares, excepción hecha del capítulo dedicado a su padre Florenci Pujol, perteneciente a la burguesía e impulsor de Banca Catalana, que generaría un proceso judicial cuando se liquidaría la sociedad, convenientemente tapado por espúreos intereses. Al margen de borrar cualquier sombra de duda en torno a la presunta gestión fraudulenta del caso Banca Catalana que le llegaría a colocar en el ojo del huracán en un determinado punto del proceso judicial, muy pocos repararon en el momento de la salida al mercado de las publicaciones de estos volúmenes las lagunas referidas a los negocios familiares gestados y consolidados durante el largo mandato del patriarca Pujol. Una de estas voces disidentes con el relato vital y profesional oficial de Jordi Pujol i Soley se llama Albert Boadella, fundador y director de Els Joglars. Él había sido vetado por diversos medios catalanes, al parecer, porque dijo verdades difíciles de escuchar en tiempos del pujolismo, y su representación sobre los escenarios de Ubú President, provocaría un terremoto de baja intensidad entre la clase política afín al ideario de Convergència i Unió. No obstante, el terremoto que sí haría trontollar (tambalear) los cimientos de CIU se produjo el pasado 25 de julio de 2014 cuando Jordi Pujol daba a conocer a la prensa un escrito de un folio que trata de exculpar a su familia sobre el asunto de una presunta herencia de su padre no regularizada durante más de treinta años. En ese paraíso fiscal andorrano, al parecer, Jordi Pujol guarda un tesoro que se ha transformado en una bomba con efectos retardados. Una bomba que después de tres décadas seguía intacta y ha acabado explosionando en las manos de Jordi Pujol i Soley. Prisionero de sus asesores durante tres días para consensuar una estrategia, Artur Mas comparecería ante la prensa para adoptar una serie de medidas, previo acuerdo con el Consell Directiu del Govern, que pasaban por eliminar una serie de privilegios heredados por Pujol en función de su cargo de President de la Generalitat y, de paso, lanzar el mensaje que la consulta del 9 de noviembre cara al independentismo seguía su curso sin alteración alguna, argumentando que «el país está por encima de las personas. Y así debe ser». Según sus propias palabras, Mas sentía dolor, pena y compasión por Jordi Pujol, reduciendo el asunto a un tema personal y familiar. Cuando la oposición reclama una Comisión de Investigación para esclarecer el «caso Pujol», CIU y su socio de gobierno en la sombra, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) con Oriol Junqueras al frente, niegan la mayor. Ni tan siquiera CIU expresa su voluntad porque Jordi Pujol se explique en el Parlament ante unos hechos de una gravedad que no admite disculpas. Al escuchar las respuestas de Mas y la posición adoptada por CIU y ERC para evitar llegar al fondo del asunto conforme a un acto de higiene democrática (saben que la vía judicial puede eternizarse y así ganar tiempo cara a las metas fijadas), siento vergüenza de estos políticos incapaces de leer lo que el sentido común pide y exige. De aquí hasta principios de noviembre nos aguarda un vendaval de noticias referidas al clan Pujol, refrendando lo que en su día dijo Albert Boadella: «son como una familia siciliana, próxima a los Corleone». Mas ha acabado transformándose en ese personaje cervantino que lucha contra los Molinos de Viento en forma del estado español que representa la culpa de todos los males de la nació catalana. Y a su lado le acompañará para siempre ese Sancho Panza que dibujé en mi infancia, el de un ser afectado de una arrogancia mórbida, esposo de Marta Ferrusola (su apariencia de ama de casa volcada en la jardinería contrasta con su pérfida imagen reproducida por la mujer despechada, Victoria Álvarez, la ex del primogénito y pieza clave a la hora de destapar las corruptelas de la Sociedad Ilimitada de los Pujol) y padre de familia de siete hijos, buena parte de los cuales deberían ser perseguidos por la justicia hasta acabar en el precipicio. Otro precipicio nos aguarda si seguimos creyendo que esos "salvadores de la patria", ahora instalados en el poder (CIU) o en la antesala de poder (ERC), nos guían hacia su particular Shangri-La por el camino del independentismo. Los mismos que hacen caso omiso a un pueblo que exige luz y taquígrafos sobre un caso, el que incrimina a Jordi Pujol y el de su prole que, a efectos monetarios (por ejemplo, para blanquear tres mil millones de dólares en activos mobiliarios se requiere una lavadora del tamaño de un edificio de varias plantas), deja en un juego de niños el «caso Bárcenas». Limosna la que atesora el ínclito ex tesorero del PP en manos de esos sinvengüenzas llamados Oriol, Oleguer i Jordi (noms ben catalans, sí senyor) que lucían no hace demasiado tiempo con orgullo los apellidos Pujol i Ferrusola.   

miércoles, 16 de julio de 2014

«HISTORIA Y DESVENTURAS DEL DESCONOCIDO SOLDADO SCHLUMP» (1928) de HANS HERBERT GRIMM. UN RELATO DE «TERROR» DESDE LAS TRINCHERAS

En un margen de poco más de dos meses de diferencia la ciudad de Praga —perteneciente a la región de Bohemia, inscrita en el Imperio Austrohúngaro— vio nacer a Franz Kafka (1883-1924) y a Jaroslav Hasek (1883-1923). Ambos acabarían convirtiéndose en escritores de renombre internacional, siendo sus trabajos más destacados materia de obligado cumplimiento en el programa escolar de los estudiantes checo(eslovacos) preferentemente después de finalizada la Segunda Guerra Mundial. Hasek, a buen seguro, sea el menos conocido de los dos, pero El buen soldado Svejk (1920-1923) (editada en lengua castellana en 2010 en DeBolsillo) sigue siendo considerada una novela de referencia dentro de las obras literarias ambientadas en el campo de batalla durante la Gran Guerra. Lo sería desde una vertiente satírica-picaresca que entronca con la tradición de algunos clásicos británicos del estilo de Las aventuras de Barry Lyndon (1844) de William Makepeace Thackeray o Tom Jones (1749) de Henry Fielding. Desde su propia experiencia, Hasek expresaría en una serie de relatos por entregas —siguiendo idéntica fórmula empleada por Thackeray, Fielding y tantos otros autores provenientes de las Islas Británicas— una mirada acaso desprejuiciada sobre la sinrazón de los conflictos bélicos a través de un díscolo personaje que aparece en el título de su relato más célebre. Por su parte, Franz Kafka, debido a su frágil salud, quedó exento de participar en la contienda bélica. Los destellos del genio de Kafka ya se advertían en sus escritos seminales, siendo Kurt Wolff (1887-1963) el editor que sacaría a la luz los relatos del que luego ganaría a la celebridad gracias a El proceso (1925). El mismo Wolff se responsabilizaría de publicar Schlump (1928), cuya narración se solapa en algunos pasajes con El buen soldado Svejk, y que tenía todas las prerrogativas para acabar siendo saludada conforme a una de las novelas antibelicistas por excelencia aparecidas en el primer tercio del siglo XX.  La dicha del autor del relato, Hans Herbert Grimm (1896-1950), pronto se transformaría en desdicha cuando el nacionalsocialismo llegaría al poder en 1933. Un lustro no representaría, por tanto, tiempo suficiente para que la novela se diera a conocer ampliamente entre la población germana. Schlump sería, pues, pasto de las llamas, en lo que podríamos “visualizar” una situación análoga a lo expresada en la novela de anticipación Fahrenheit 451 (1955), de Ray Bradbury, traducida en la gran pantalla de manera magistral por François Truffaut. Al igual que el bombero Montag (Oskar Werner), Grimm escondería un ejemplar de Schlump en su propia casa, pero en su caso en el hueco de una pared que tapiaría convenientemente. Ese operativo comportaría que Schlump pudiera “sobrevivir” a una cruda realidad, en sintonía con lo que ocurre al ingenuo soldado alemán enrolado en el ejército de su país a los diecisiete años. Toda vez que se dio por cerrado un nuevo capítulo (sangriento) de la Historia de la primera mitad del siglo XX en agosto de 1945, Grimm retomaría su condición de profesor, pero las autoridades de Alemania Oriental le vetaron seguir impartiendo clases. Posiblemente ese fuera el detonante de su suicidio acaecido a pocos meses de cumplirse el ecuador de la centuria, sin obviar el sentimiento de frustración que le generaba la problemática referida al ostracismo de Schlump. Solo el paso del tiempo corregiría tamaña anomalía merced a la perseverancia de Völker Weidermann por rescatar del olvido obras destruidas por los nazis. De ahí que ochenta años después de su primera publicación, Schlump regresara a la luz con los honores que se merecía, en lo que convendríamos en señalar un tributo a título póstumo de su autor.
    El sello Impedimenta no tan sólo se alimenta de su vena anglófila. Prueba de ello es que, por ejemplo, la literatura alemana vuelve al excelso catálogo de la editorial madrileña con la publicación de Historia y desventuras del desconocido soldado Schlump (2014), en que el lector puede advertir lo justificado de una decisión nada baladí. A través de sus doscientas setenta y cinco páginas (descontado un prólogo clarificador escrito por el propio Weidermann), Schlump cubre sobradamente las expectativas que me había generado al conocer la noticia de su publicación. Al ir pasando las primeras páginas del libro, Shlump advierte en mi fuero interno que hubiera podido ser un material que ganara a la influencia de escritores como Joseph Heller y Kurt Vonnegut para armar Trampa 22 (1962) y Matadero Cinco o la cruzada de los niños (1969), respectivamente. Evidentemente, ese escenario no resultaría posible, pero en mi apreciación personal considero que Schlump se alinea a la perfección en esa dialéctica propia de Kessel y sobre todo de Vonnegut a la hora de plantear un relato desde la óptica de un mundo absurdo que tiene en la guerra la máxima expresión de semejante concepto. En modo alguno Schlump cae en las zanja de una escritura afinada en lo escabroso, lo tremendista; más bien asistimos a un ejercicio de prosa de la que podemos extraer la visión de un humanista, incapaz de comulgar con unos principios patrióticos que alientan al sacrificio del individuo como una pieza subsidiaria a la voz del pueblo. A partir de ahora pienso que deberíamos incluir Historia y desventuras del desconocido soldado Schlump entre las obras antibelicistas de verdadero empaque. De esta forma, Hans Herbert Grimm, el autor de este cuento de “terror”, se uniría a los nombres de Stephen Crane (La roja insignia del valor), James Langdale Hodson (Return to the Wood), Erich Maria Remarque (Sin novedad en el frente) y el citado Hasek en sus respectivas prospecciones por la realidad de una Primera Guerra Mundial que el 28 de julio cumple el centenario de su proclamación, punto de partida de las aventuras y desventuras del desconocido soldado Schlump.     

martes, 8 de julio de 2014

PODEMOS, UNA CONCIENCIA EN FORMA DE PARTIDO (I)

Prácticamente desde el desmantelamiento de UCD (Unión de Centro Democrático), la Democracia española se ha asentado sobre la base del bipartidismo, el procurado por el PP (Partido Popular) y el PSOE (Partido Socialista Obrero Español). Los votos a sendos partidos han copado un porcentaje elevado de los que han participado de esta manifestación de la democracia por espacio de más de treinta años. Pero es una realidad en vías de sufrir un cambio de orientación harto significativo debido a una serie de factores del que no cabe excluir la incorporación de parte de esa población “silenciosa” incapaz de sintonizar con el programa de ningún partido, llevando a máximos esa expresión de real abolengo que «todos los políticos son iguales». Por consiguiente, desde los tiempos de Felipe González hemos asistido a participaciones del 50 al 65%, mereciendo muy poco análisis el porqué hasta un 50 % de la población no ha acudido a la cita con las urnas cada cuatro años. En noviembre de 2012 estuve en una mesa electoral de las municipales catalanas y me entretuve en las horas muertas las del mediodíaa tratar de buscar un perfil común entre los que no ejercían el derecho a voto. Al finalizar la maratoniana jornada llegué a la conclusión que no existe un perfil de “no votante”. Es por ello que el fenómeno de Podemos no puede analizarse exclusivamente en clave de un trasvase de votos de partidos “tradicionales” de la izquierda o del centro-izquierda, sino que debe observarse conforme a un movimiento aglutinador de un descontento social “transversal”, en el que se incorpora el voto de estudiantes universitarios pero también de ese sector receloso desde hace bastantes años de la clase política a la que ha negado con la participación en las elecciones la posibilidad de que en su nombre cometan toda clase de tropelías, corruptelas y demás hechos delictivos con la aquiescencia de un sistema sobreprotector (allí están los 10.000 aforados que tiene el país, un porcentaje considerable de los cuales pertenece a este colectivo) en torno a estas prácticas que erosionan la esencia misma de la Democracia.
   Una vez conocido el sorprendente éxito en las pasadas elecciones europeas de Podemos con un total de más de un millón doscientos mil votos, la campaña de desprestigio, el alud de acusaciones sobre los adalides del partido de nuevo cuño no han cesado. Intentan colocar el miedo en el cuerpo a través de una serie de ataques sin otro fundamento que la descalificación gratuita; hablan de una ideología de extrema izquierda, de importar un modelo de chavismo y de los vínculos con colectivos cercanos a ETA. Una cadena de palabras que, agitadas, parece ofrecer un cóctel difícil de digerir para aquellos instalados en la tradición de un sistema democrático que ha sido incapaz, por ejemplo, de poner coto a la corrupción política, al punto que tenemos en el gobierno del PP algunos dirigentes, incluido su presidente Mariano Rajoy, con una sombra de duda más que razonable de que ampararon prácticas irregulares de muy baja catadura moral y que incluso se llegaron a beneficiar de las mismas según las investigaciones judiciales aún en curso. Así lo denunciaría el partido en la oposición, el PSOE, que trata de rearmarse de cara a los próximos comicios electorales con la mirada puesta en el horizonte de finales de 2015. Paradojas de la vida, todos aquellos prestos a acusar desde las trincheras de la izquierda o del centro izquierda "tradicional" al partido liderado por el profesor de Ciencias Políticas Pablo Iglesias deberían, cuanto menos, reconocer que la irrupción de Podemos ha servido para espolear prácticas que demandaba el sentido común en Democracia, dando la opción que la ciudadanía conozca el parecer de distintos candidatos en un debate como el celebrado este lunes día 7 de julio, aunque de momento tan solo sea un simulacro. Asimismo de justicia es señalar el desempeño que UPyD a la hora de denunciar la corrupción política, personándose en la parte acusatoria de procesos abiertos, el más notorio de los cuales sigue siendo el caso Würtel. Pero UPyD ha visto cerrado de momento el cumplimiento de un nuevo techo electoral con la llegada de Podemos y con ello el nerviosismo se ha enquistado en su  líder Rosa Díez, con exabruptos del estilo de comparar a la formación abanderada por Pablo Iglesias con el Partido ultraderechista francés de Marie Le Pen. Una estrategia de descrédito que ha salido a Rosa Díez el tiro por la culata en ese fuego cruzado procedente de las trincheras de la izquierda y de la derecha que, lejos de dañar a Podemos refuerza su carácter de partido alternativo, al punto de que algunos sondeos lo destacan como tercero en la lista de los más votados en las próximas elecciones generales.
   Semanas atrás decidí votar a Podemos después de haber confiado sistemáticamente en el PSOE/PSC. Lo hice una vez di cumplida cuenta de la lectura de su programa electoral. Para mí Podemos más que un partido representa un estado de conciencia, el que ampara la legitimidad de un pueblo para hacer valer sus derechos, de no estar secuestrada por una clase política que sistemáticamente protege los intereses de una banca clave para entender el descalabro económico que ha padecido este país en los últimos añosy de unos grupos de poder financiero que acaparan gran parte de la fortuna del estado español, entre otros muchos otros temas que abordaré en un posterior post. Sin duda, la naturaleza humana comportará que, tarde o temprano, las discrepancias internas (máxime al tratarse de una formación que se rige por principios asamblearios; no en vano, uno de sus focos de alumbramiento fue el 15-M) afloren en el seno de Podemos, provocando disidencias, escisiones, etc. Pero solo el paso de los años calibrará la importancia de la entrada de Podemos en la esfera parlamentaria, agitando ese árbol que ya no daba más frutos que una desigualdad social cada vez más acentuada, un empobrecimiento de las clases medias, un sistema sanitario que camina hacia un concepto mixto entre lo público y lo privado, unas coberturas para los más desfavorecidos que ponen en tela de juicio el derecho irrenunciable de una vida digna para las personas en plural... Podemos puede representar una ventana a la esperanza para jóvenes y mayores en un mundo cada vez más desigual, en que comunismo, socialismo, liberalismo y conservadurismo han perdido buena parte de su sentido. En el mundo que nos ha tocado vivir, la defensa del interés de las personas con lo que ello comporta (educación, cultura, sanidad, etc.) pasa por delante de los intereses de esos grupos de poder incapaces de aplicar esos principios de solidaridad más que para sus familiares y la cuerda de influyentes personajes que han levantado imperios, en ocasiones, merced a la pura especulación. Y puestos a especular (en la otra acepción del término), prefiero hacerlo en el sentido de confiar en que mi voto para Podemos contribuirá a una regeneración democrática de nuestro país y quizás dentro de unos decenios podremos decir que la corrupción política, los desahucios y otras lacras que afectan a nuestra sociedad forman parte del pasado

miércoles, 2 de julio de 2014

«HUIDA DEL CORREDOR DE LA MUERTE» (2014) de Edward Bunker: «AL MARGEN» DE LA VIDA

En este mismo espacio concluía hace algo más de un año un escrito harto elogioso sobre Little Boy Blue (2012) (ir a enlace), de Edward Bunker, destacando sobremanera la capacidad de equilibrar un texto en que parece converger lo áspero y el valor de la nostalgia, la dureza y el aliento de esperanza. Un efecto dual que apenas tiene recorrido en Huida del corredor de la muerte (2014), una de las obras póstumas de Bunker ya que con anterioridad Sajalín, en su colección Al Margen, había publicado Stark (2010), que permaneció inédita en vida del escritor. Posiblemente, el título escogido para la edición en castellano de Death Row Breakout and Other Stories (la italiana, la primera de las llevado a cabo, está fechada en 2010) juegue al despiste porque no se trata de un único relato sino de un compendio de varios que Bunker guardaba en la recámara a la espera que alguno tuviera viera visos de alcanzar la categoría de novela. Su fallecimiento, empero, truncó semejante opción, siendo los depositarios de sus bienes artísticos los que dieron luz verde a la publicación de una amalgama de textos susceptibles de mejora, quedando unas cuantas de sus historias de ámbito carcelario sostenidas por unos pilares literarios un tanto endebles en su entramado narrativo, no así en esa capacidad para hilvanar diálogos extraídos de la matriz de una realidad penitenciaria de la que fue (a la fuerza) un gran conocedor. Ante la disyuntiva de editarlos o no, Sajalín pareció dispuesta a jugar la carta del “completismo” a modo de justificación de una obra que rebaja ostensiblemente el nivel de calidad de títulos anteriores publicados por el sello barcelonés. El propio Edward Bunker deja entrever sus dudas sobre el material en cuestión en una carta enviada a su editor Nat Sobel, “albacea” de una obra literaria que ha ido ganando adeptos en los últimos lustros a pasos gigantesos, y que ha significado un auténtico descubrimiento en nuestro país verbigracia de la pericia y del buen olfato de Sajalín. El contenido de esta misiva sirve para abrir el fuego de la presente edición, en que a lo largo de seis relatos, a saber, La justicia de Los Ángeles, 1927, Entra en la Casa de Drácula, Mía es la venganza, Muerte de un soplón, Huída del corredor de la muerte y La vida por delante, el escritor angelino traza una panorámica sobre la realidad de recintos penitenciarios norteamericanos distantes de cualquier ideal sobre el carácter redentivo de los mismos para sus moradores condenados por penas de distinta gradación.

   Implacable en ese dibujo humano que trata de explorar en la conciencia de individuos out-system, sojuzgados por el color de su piel en numerosos casos (el racismo aflora de manera pertinente en el título de cabecera y en La vida por delante) y/o por una adolescencia y juventud en que un desliz en forma de hurto o agresión les conduce hacia una espiral de odio retroalimentado por el dolor y el desapego familiar, en Huida del corredor de la muerte (traducida por Zulema Couso) Bunker habla desde la distancia de la tercera persona pero, al mismo tiempo, desde la cercanía de un submundo donde forjaría su carácter a golpe de aprender lecciones. Esas lecciones vitales que le impelieron a escribir conforme a una tabla de salvación cuando la desesperación estuvo a punto de hacer mella en su persona. Entre punzada y punzada de dolor, Bunker arrancaría páginas de un brillo muy especial, desgarros emocionales perfectamente canalizados merced a ingentes horas dedicadas a la lectura. Como el grupo de presos que tratan de escapar de la prisión de San Quintín, Edward Bunker hizo de las huídas una especialización, lográndolo en pocas ocasiones, las suficientes, en todo caso, para dar fe de la dificultad de la empresa. En esta obra “de despedida” el lector encontrará referencias a figuras históricas como Sacco e Vanzetti La justicia de Los Ángeles, 1927 o Huey Newton, cofundador del Partido Pantera NegraMía es la venganzay criminales del espectro demoníaco que marcarían sus propias reglas en el seno de una comunidad carcelaria donde la homosexualidad, el racismo y la radicalización ideológica solían llamar a la puerta de una realidad opaca al conocimiento de la inmensa mayoría de nosotros. Cierto que el cinematógrafo y la televisión han explorado estos submundos con especial atención, pero también la letra impresa puede hablarnos al oído de una existencia infrahumana, tal como expresa Edward Bunker en este cierre, en forma de coda, de una obra literaria de una extraordinaria calidad en su conjunto.

domingo, 8 de junio de 2014

«WHO I AM: MEMORIAS» de Pete Townshend: A CORAZÓN ABIERTO

Dos títulos. Dos únicos títulos versados sobre el mundo de la música que Malpaso Ediciones ha puesto en circulación en el corto espacio de unos meses y que llevan en su título un denominador común, el de «Memorias». Las de Neil Young más bien responden al efecto de un impulso de escritor que apelara al duende de su difunta figura paterna, pero que inapelablemente redundaría en un trabajo con muchas aristas sin pulir, un borrador presto a una corrección y/o revisión que nunca llegaría, derivando en una primera tentativa literaria acorde a ese espíritu libre incapaz de obedecer a una normativa, someterse a una estructura correlativa con el propio sentido cronológico. Mas, en el otro libro de Memorias publicado por Malpaso, Pete Townshend, uno de los principales motores creativos de The Who, ha elaborado un manual de peso más de quinientas cincuenta páginas lo contemplanpero extraordinariamente liviano por lo que atañe a lo fácil que resulta su lectura. Nacidos ambos en 1945, Neil Young y Pete Townshend comparten asimismo una similar fidelidad-devoción por la música y una tragedia localizada en sus fases primarias las relativas a la infanciaque marcarían un punto de inflexión en sus respectivas existencias, quedando impregnados para siempre de unas secuelas difíciles de soslayar. Si en el caso del artista canadiense la polio que se le diagnosticó al cumplir los cinco años acarrearía problemas de por vida, con esos fantasmas del pasado que sobrevolaban en su interior en los momentos de aflicción y derivados de un agotamiento físico, el genio británico Pete Townshend arrastraría para el resto de sus vidas el haber sido víctima de abusos infantiles por parte de un eventual padre sustituto, Denny. En uno de los pasajes más lúcidos de Who I Am: Memorias (2014) Pete Townshend comparte con el lector una honda reflexión que persigue una consideración de raíz sociológica: «En aquella época no tenía ni idea de cuántas personas debían lidiar con sentimientos parecidos. En los años de la inmediata posguerra en Gran Bretaña había tantos críos que habían experimentado traumas terribles que resultaba habitual cruzarse con jóvenes tremendamente confundidos. La vergüenza conducía al secretismo; el secretismo, a la alineación. De todos esos sentimientos brotaba en mí la convicción de que los daños colaterales inflingidos a los que crecimos en la posguerra debían confrontarse y expresarse a través de todas las formas populares del arte; no sólo de la literatura, de la poesía o del Guernica de Picasso. También de la música. En el camino hacia la verdad, el buen arte no puede más que desbaratar la negación»
    De manera fortuita, a lo largo del primer semestre de 2014 he tenido una doble “cita” con The Who. En primera instancia, accedí al visionado de Amazing Journey: The Story of the Who (2007), en que al margen de las habituales featuretes que corresponden por “definición” a la edición en formato digital en torno a un grupo o un solista, presté atención al detalle del contenido de un documental servido con un poso historiográfico nada desdeñable. Al cabo, la agradable sorpresa que ha comportado la publicación de la obra de Townshend en lengua castellana, ha servido para despejar algunas incógnitas o malentendidos en torno a un personaje tan poliédrico como Neil Young, presto a pasar a la posteridad por una serie de trabajos labrados entre finales de los sesenta y mediados de los setenta, en especial Tommy (1969) y Quadrophenia (1973). En todo caso, el balance global me reafirma en el pensamiento que Pete Towshend puede haber trascendido cara al aficionado a la música por este par de obras magnas guiadas por un sentido conceptual, pero su importancia en cuanto a su personalidad artística, creativa va mucho más allá, involucrando de una forma absolutamente diáfana su faceta de escritor. Un escritor self made man cuando su profesor de la Escuela de Arte supo que cobraba menos que aquel advenedizo músico,  tuvo la convicción que podía ir por el buen camino, al menos desde un prisma crematísticoque cubriría contra todo pronóstico el cargo de editor adjunto de Faber & Faber, procurando bajo su tutela dar salida a ediciones en inglés de textos de Jean Genet... e incluso una autobiografía de Pau Casals (¡). Lejos que su vertiente de editor le situara en un espacio de placentera estabilidad emocional y/o creativa, Pete Towshend ha vivido instalado en un perenne tobogán fruto de sus excesos con sustancias psicotrópicas (LSD, heroína, cocaína, etc.) y el alcohol que me han recordado de soslayo la biografía personal de Dan Fante hijo del notable escritor John Fante publicada en Sajalín hace un par de años. Con todo, Pete Townshend ha sabido sortear toda clase de contratiempos, siendo el fallecimiento de sus compañeros de grupo Keith Moon y John Entwistle celoso de una privacidad que impediría en vida poner en conocimiento de su gran amigo su filiación a una orden masónicapuntos capitales en el desarrollo de un relato personal preñado de sinceridad, en que convive el logro de la conquista de los objetivos fijados por ese adolescente de figura desgarbada, pero también el de la derrota, más patente si cabe cuando ataca al flanco de los sentimientos excelente la narración de ese episodio de amor no correspondido con la actriz Theresa Russell, a la que acabaría dedicando una canción que cuando queda apeado de toda clase de proyectos de índole musical, sabedor que la capacidad de reciclar material obra “milagros”. Especialmente pertinente al respecto deviene la transformación sufrida por el proyecto de The Iron Man que pasaría a denominarse The Giant Man bajo el manto protector de la Disney comandada en su aparato de dirección por un emergente Brad Bird. Peor suerte tuvo Lifehouse, una pieza propia de un visionario el concepto de internet parecía trazada en su fecunda imaginaciónque se situaría a primeros de los años sesenta, a través del grupo Detours,  al pie de una cima que parecía impensable de escalar. De aquel embrión nacería a mediados de esa misma década The Who, situándose al poco de su creación en ese campamento base que daría acceso a ollar la cumbre del éxito comercial y artístico cumplido el cambio de década. Una vez conquistada la cumbre, Keith Moon pronto acabaría precipitándose al vacío, absorto por una vida sin freno. Su muerte dejaría una situación de desamparo a una formación británica adjetivada de mítica cumplido apenas un lustro de su existencia. Pese a la baja de Moon y más tarde la de Entwistle, Townshend y Roger Daltrey no han querido despegarse del significado de mantener viva la llama de The Who, en honor a una banda que marcaría un antes y después en la Historia del rock. En cierto sentido, Who I Am rinde honores a ese legado musical cultivado con mimo a lo largo de las décadas, el que ha dado crédito para que el nombre de Pete Townshend se eleve al conocimiento de aficionados de la música de distintas generaciones. Pero asomarse a este volumen de memorias representa un encuentro con los aspectos más ocultos de una personalidad que persigue en los últimos capítulos de Who I Am un enfoque sobre todo reflexivo, que parece ir acompañado de las lecciones aprendidas merced a su mentor espiritual Meher Baba, junto a Roger Daltrey y su esposa Karen durante tantos años, el más citado en una obra franca a ocupar un espacio preferente en las bibliotecas de los buenos aficionados al rock. Con permiso de Bob Dylan, sin duda Pete Townshend es el que ha demostrado un mayor background literario, dispuesto a jugar a favor de los intereses de armar un libro de memorias de una extraordinaria calidad a todos los niveles. En su largo proceso de maduración Who I Am encontramos presumiblemente la clave de que Townshend haya aquilatado el peso de lo anecdótico con la sustancia propia de un relato narrado en primera persona expresado a corazón abierto por un ser culto, amén de un superdotado de la música. Malpaso, pues, anota un acierto más en su política editorial de ir al encuentro de textos que nos ayuden a configurar con mayor precisión el cosmos personal y profesional de leyendas forjadas en el espacio del rock de los años sesenta. El de Who I Am representa uno de esos textos para enmarcar, con una soberbia traducción de Miquel Izquierdo, cuyo medio millar de páginas pasan conforme a un suspiro merced a ese vendaval de sapiencia llamado Pete Townshend, de oficio genio y figura hasta una sepultura que esperemos tarde mucho tiempo en llegar. De tal suerte, podrá seguir cultivando su vena de escritor.  

domingo, 1 de junio de 2014

STEVE HACKETT Y SU «GENESIS EXTENDED 2014 WORLD TOUR» EN BARCELONA: EL AÑO DEL RESURGIMIENTO DEL ROCK SINFÓNICO (III)

Pimlico es un barrio situado en la zona de Westminster, en el corazón de la capital inglesa, que en los últimos compases de los cuarenta —una década en la que Londres estuvo a merced de los bombardeos aéreos, sufriendo con especial crueldad los estragos de la Segunda Guerra Mundial— vio proyectado su nombre a las esferas de la popularidad procurada por el cinematógrafo verbigracia del estreno de un título surgido de la factoría Ealing. Al poco de la puesta de largo de Passport to Pimlico (1949) nacía en ese mismo rincón de Gran Bretaña Steve Richard Hackett. Cumplidos los veinte años de existencia, Steve Hackett, tras su paso por una formación afroinglesa llamada Heath Brothers, recalaría en otra hermandad musical, la integrada por Peter Gabriel, Phil Collins, Mike Rutherford y Tony Banks. La voz cantante de Genesis, que así se llamaba la formación, la llevaría Gabriel, al punto que Steve Hackett ilustraría un sentimiento más o menos compartido por los otros miembros, el de una «orquesta en el foso» mientras el carisma del artista proclive al disfraz se elevaba sobre el escenario. Pese a ese reino de taifas en el que acabaría convirtiéndose Genesis, Steve Hackett parecía no tener cabida una vez Phil Collins tomó el mando de la situación ante la salida de Peter Gabriel llamado por los cantos de sirena del cinematógrafo, el guitarrista nativo de Pimlico expediría un pasaporte a esa libertad creativa capaz de asegurarle una plaza entre los artistas de culto cara a diversas generaciones. Pese a su extraordinaria amalgama de discos que brindaría a partir de su álbum de debut en solitario, Voyage of the Acolyte (1975), Steve Hackett ha puesto en valor su etapa al servicio de Genesis, sabedor que en la misma había contribuido a escribir algunas de las páginas más brillantes de la Historia de la música contemporánea del último tercio del siglo XX. Faltaba, empero, la perspectiva necesaria para que Mr. Hackett calibrara la importancia de ese proyecto desarrollado en común por un repóker de músicos de talento de veintitantos años, para proceder, al cabo, a la recuperación del Genesis de la primera mitad de la década de los 70 para los escenarios de medio mundo. En ese empeño iría trabajando a lo largo de los años, de manera simultánea con diversos proyectos personales y colectivos. A las puertas de la edad de jubilación, Hackett lleva recorrido un amplio camino desde entonces colocando el foco sobre su etapa en Genesis. Para el que ha denominado «Genesis Extended 2014 World Tour» Hackett se ha visto arropado por un line-up que saca lustre a la esencia musical de Nursery Crime (1971), Foxtrot (1972), Selling England By the Pound (1973) y The Lamb Lies Down On Broadway (1974). El pasado día 28 de mayo pude asistir al magisterio de Hackett y su banda en el Barcelona Teatre Musical, enclave localizado en las faldas de la Montaña de Monjuich, desde cuyo punto más elevado podría observarse el caos que reinaba en la principal arteria del barrio de Sants, en que la violencia campaba a sus anchas para vengar la tentativa de derribar (a medias) un espacio de autogestión cultural, el de Can Vies. De nuevo, los medios de comunicación se ocuparían de la crónica de una mala noticia mientras que la buenanueva de la actuación en el Barcelona Teatre Musical en la noche de ese miércoles de ceniza (consecuencia de esos contenedores y mobiliario urbano que ardió por la ira de unos pocos) quedaría mayoritariamente silenciada. Lógicamente, para los casi dos millares de espectadores que acudimos a una cita con la historia musical, la realidad fue otra muy distinta. Dos horas y media de concierto dejaron a las claras que Steve Hackett lograría el efecto buscado. El efecto de una música que invita a la ensoñación a través de un mecanismo perfectamente engrasado, en que Hackett, situado en el centro del escenario guitarra en ristre, se siente envuelto, arropado por un conjunto de músicos que adoptan su rol sin necesidad de tener la impresión que operan «en el foso» mientras el maestro de ceremonias hace gala de un protagonismo excesivo.
   Fue la primera vez que veía actuar en directo a Steve Hackett, para la ocasión, en compañía de Sir Eduardo Martin y Álex Lema, situándonos en el anfiteatro de un Barcelona Teatre Musical prácticamente abarrotado. Desde esa posición teníamos una perfecta panorámica del funcionamiento de ese mecanismo de relojería, de ese tic tac sincronizado al compás de los acordes de Hackett y del bajista Nick Beggs (su figura filiforme y su larga melena rubia y lacia creaban cierta confusión desde la distancia), de la parte de percusión a cargo de Gary O’Toole (tocado por un sombrero de hongo cuando empezaba a anunciarse el fin de fiesta), de los teclados de Roger King, de la voz de Nad Sylvan y de la aportación del multiinstrumentista Rob Townsend. Este último nos deleitó con el uso de la flauta mágica que contribuiría sobremanera a robustecer el carácter bucólico, pastoral, de piezas como “The Fountain of Salmacis”, “The Musical Box” o “Supper’s Ready” (superlativa su ejecución) extraídos de los álbumes que jalonan esa Edad de Oro del rock sinfónico o progresivo en sus múltiples variantes, y de Genesis en singular. Al final del magisterio de Hackett y su banda, con la propina de “Los Endos”, leí en los rostros de algunos de los asistentes a ese evento la idea de felicidad atrapada en ese túnel del tiempo que viajaría hacia los años de excelencia creativa de la etapa de Genesis de Peter Gabriel, pero también de Steve Hackett. La salida de ambos provocaría un cisma creativo, provocando que el fiel de la balanza se decantara hacia ese paisaje pop-rock que llevaba la marca de Phil Collins. Cualquier tentativa de reunificación de Genesis pasa por la aprobación del batería y voz del grupo durante muchos años. Pero su distanciamiento con Hackett invita a creer que la resolución de la ecuación se complica. Mientras tanto, Hackett concluye la gira por el continente europeo de Genesis Extended 2014 World Tour en Portugal. Allí, a buen seguro, le aguardará Joanna Lehmann, su esposa con que quien recientemente se casó y que ha fortalecido su espíritu juvenil y su ilusión por una música encofrada de múltiples estilos, pero con una seña de identidad bien definida en esos horizons descritos en el libro del Genesis de la Biblia del Rock Sinfónico, en que el arcangel Gabriel se dejaría secundar por músicos del tronío de Mr. Hackett, cuyo primer pasaporte se expediría en Pimlico el 12 de enero de 1950. Ahora, a sus sesenta y cuatro años, su regreso a la época de Genesis le ha rejuvenecido en todos los sentidos para la dicha de los que seguimos creyendo con más firmeza que nunca que el rock sinfónico lleva inscrito el valor de la reivindicación en un ejercicio de acto de justicia para con la Historia musical del pasado siglo.

jueves, 29 de mayo de 2014

«PERIODISMO GANZO»: DE LAS TRINCHERAS DE CINEXILIO A SOFILM… SO BEAUTIFUL TO BEAR WELL (Sofilm demasiado bonito para ser duradero)

A menudo realizo mi particular circuito por tiendas del centro de Barcelona recorriendo de manera natural la calle Tallers hasta morir  en el FNAC de Plaça Catalunya. Recuerdo para mi sorpresa que en el FNAC más céntrico de la Ciudad Condal encontré una revista de cine de la que no había oído hablar hasta entonces. Ojeé su contenido y en un acto de fe la adquirí. Su nombre: Sofilm. Llevaban varios números en el mercado y la propuesta va dirigida a un público heterodoxo, con un contenido iconoclasta que sigue teniendo en las entrevistas “a tumba abierta” uno de sus puntos fuertes. A partir de entonces, me he hecho asiduo a la adquisición de la revista, una franquicia de la revista Madre francesa nacida en 2012. Sencillamente, tengo la convicción que las entrevistas a John Carpenter, Brian De Palma, Michael Cimino o John Landis son de las mejores que ha leído en castellano en formato revista. Sabedores que todos están fuera de la Industria, no disfrazan las respuestas echando mano de formulario-tipo ni eluden las preguntas que no demasiado tiempo atrás les hubieran resultado comprometidas. Las entrevistas son un género periodístico en sí mismo que no siempre deviene satisfactorio, dependiendo quién formule las preguntas y sepa "contraatacar" con la siguiente en función de lo que el entrevistado haya contestado. Desde mi época como director de Seqüències de cinema (1995-1996) cultivé este género periodístico (Arthur Penn, Alan Parker , John Schlesinger y Jean-Jacques Annaud, entre otros, fueron algunos de los entrevistados) y me apetecía volver sobre el mismo. Por ello, me puse en contacto con el staf técnico de Sofilm.es para abrir la posibilidad a la hora de realizar una serie de propuestas y, de paso, dar mi opinión desde la experiencia sobre nuevos campos a explorar en el ámbito de esta revista de reciente publicación. A través de la primera conversación que sostuve con Alberto Lechuga, uno de sus redactores, de trato amable y cortés, estuvimos planteando diversos temas y, al calor de la actualidad, se abrió la posibilidad de publicar un artículo de Neil Young en el cine. Daba por concluida la lectura de su libro de memorias un tanto sui generis y, siguiendo el modelo Sofilm, extraje de una serie de declaraciones del mismo con la intención de ir componiendo un texto franco a ocupar inicialmente cuatro páginas de la revista. Más tarde la cosa quedaría en un par de páginas del texto fruto de su encaje en la escaleta de la revista, cuyo destino acabaría siendo lo que denominan “cuaderno crítico”. Luego vino la “letra pequeña”: el artículo se cobraba si también se hacía para la edición francesa. De esta forma se desestimó el artículo, encargando a un redactor bregado en “urgencias” de Sofilm para que reconstruyera el artículo. Con este gesto Sofilm se librara de liquidar una cantidad, favoreciendo la cuenta de resultados de la revista.

   Después de este capítulo hice tabula rasa disculpando al redactor jefe Fernando Ganzo porque esa letra pequeña no se me explicó por parte de su subordinado. Entendí, pues, que el canal de comunicación debía ser a partir de entonces Ganzo. En mi voluntad por seguir retormando ese género periodístico que había descuidado durante tanto tiempo (la persistencia no siempre es buena consejera, como evidencia en este caso), ofrecía la posiblidad a Ganzo por concertar un par de entrevistas con Tobe Hooper y con Volker Schlöndorff. El silencio se impuso durante un tiempo hasta que al tercer email Ganzo respiró en forma de doble disculpa: por la tardanza en la respuesta y por la idea que ellos ya cubrirían la entrevista con el cineasta texano, el autor de la seminal La matanza de Texas (1974). Entonces tuve la certeza que Sofilm es una propuesta editorial que cabalga a los lomos de un sentido profundamente endogámico. Ya han establecido lo que denominan el concepto “Sofim” en el que tienen cabida un determinado círculo de personas, seguramente algunos de ellos salidos de las trincheras de Cinexilio, del que el propio Fernando Ganzo no reniega haber formado parte antes de su salto para hacerse con las riendas, de forma “mancomunada”, de la revista Lumiére, luego reconvertida en publicación digital. Por eso entiendo los largos silencios de Fernando Ganzo y el porqué da pábulo a entrevistas como la de Gérard Depardieu en el número 12 (mayo 2014) (si bien se pueden extraer cosas excelentes conforme, por ejemplo, a la proverbial vena lectora del actor rusófobo, su sentido de la moralidad deja mucho que desear). Para alguien acostumbrado a actuar bajo seudónimo como Fernando “rajando” a diestro y siniestro de compañeros de profesión (los redactores de Dirigido por… solían ser uno de los blancos fáciles), en ese tono condescente, sobrado propio de los tipos resabiados, es lógico que administre esos silencios… hasta que amaine el temporal. Creo que es bueno poner en conocimiento que el redactor jefe de Sofilm.es fue en su día de enfant terrible alguien que se escondía con seudónimo o nick presto a darle con un tirachinas en el ojo crítico a algún colega por muy distintos y algunos espúreos motivos, en especial a Dirigido por… Pero lo que sí debo decir que, a diferencia de la revista con sede en Barcelona que ha cumplido con creces los cuarenta años de existencia, vaticino que el proyecto Sofilm.es acabará naufragando a un par de años vista o bien “reinventándose” en el éter digital, de donde provenían Fernando Ganzo y su tropa en esa ignominia denominada Cinexilio, que me temo muchos de ellos se han hecho twiteros contumaces para proseguir dándole al insulto a modo de forma de expresión más acorde con su línea de pensamiento. Ese naufragio (y así se lo hice saber vía email a Fernando Ganzo) de la edición español se deberá al carácter endogámico practicado y que he podido percibir a las claras, y la necesidad imperiosa por encadenar nombres ilustres para una determinada generación de cinéfilos (John Carpenter, Brian De Palma, Joe Dante, John Landis, etc.) sin prever que la lista no es demasiado extensa en este sentido. Dosificar estas entrevistas, intercalando segundas espadas o nombres propios de otros campos (no solo el cine son directores e intérpretes; este mensaje lo ha ido captando Dirigido por de un tiempo a esta parte) en algunos números favorecería a la longevidad de la revista. Pero si siguen esta dinámica, la pregunta pertinente sería: ¿alguien comprará un ejemplar de Sofilm por la entrevista-estrella a Abert Serra (jugando a empresario de Sofilm.es desde su funación) en función del estreno de una película longer than life o a Xavier Dolan cuanto éste cumpla veinticinco años y ya acumule muchas más películas que algunos directores veteranos de nuestro bendito país? Pues creo que solo lo harán hypsters, inconoclastas irredentos y fashion victims que van de guaisiers y se abren a las tendencias del cine “moderno” para epatar con algunos nombres de cineastas a su parroquia. Serán entonces cuando un servidor diga basta, y pase de largo en mi cita mensual con el quiosco del FNAC de Plaça Catalunya. El «periodismo Ganzo» llamará entonces a las puertas de la inmolación

martes, 27 de mayo de 2014

«EL FRAGOR DEL DÍA» de Elizabeth Bowen: EL RIESGO DE LA TRAICIÓN

«Una novela sobre el tiempo, la identidad y la libertad que explora los lazos de unión entre lo personal y lo político. Un noir que podría haber firmado Graham Greene pero también Virginia Woolf». De esta manera se destaca en la contraportada de El fragor del día (1948) por parte de los responsables del sello Impedimenta de lo que podría considerarse una frase orientativa cara al lector en torno a la séptima novela escrita por Elizabeth Bowen (1899-1973). Mas, desde mi perspectiva The Heat of the Day podría resultar un híbrido entre la literatura de Graham Greene y la de Virginia Woolf, un texto que pivota sobre un personaje situado en el frontispicio de la fatalidad pero que se resiste a desprenderse de aquellos elementos que configuran la esencia de su propia persona, la de una soñadora convencida de la existencia del elixir del amor. Es cierto que si tratamos de permutar el personaje femenino de Stella Rodney por uno masculino acorde a la elección que hubiera merecido por parte de Greene rara vez los protagonistas de sus novelas son féminas, el tejido narrativo de una novela de la clase de El fragor del día se resentiría sobremanera, no así una estructura que aquilata el contexto histórico y político donde se desenvuelve el Londres de la Segunda Guerra Mundial bajo una incesante lluvia de bombas que causan estragos en la población civil, a la par que redoblan el espíritu patriótico y solidario entre sus conciudadanoscon el estudio de caracteres definidos bajo la luz de la agudeza propia de una autora con una capacidad de observación descomunal.
    En mi segundo acercamiento a la prosa de Elizabeth Bowen (tras la lectura de La muerte del corazón, de cuyo contenido di cuenta en este mismo blog y que puede consultarse a través de este enlace) vuelvo a reparar en esa apropiación de un lenguaje hilvanado con suprema maestría por parte de Bowen, destilado de un sentido descriptivo que no interrumpe en modo alguno el tránsito de unos personajes por la trastienda de una guerra que levanta barricadas frente a la idea de un amor perdurable, imperecedero. Vacua ilusión que sigue latiendo en el corazón de Stella, esa «antiheroína» que camina sostenida por un brazo de Greene y por el otro de Woolf, aquel presto a dominar el flanco en que converge el pensamiento femenino proyectado hacia un espacio de libertad, de desmembramiento de la doctrina tradicional en materia de diferencia entre sexos. Algo más de trescientas páginas que Bowen destina a hacer aflorar, a través del personaje de Stella, un pensamiento avanzado para su época, descrito con un puntillismo que nos aferra la consideración de la excelencia narrativa al alcance de unos contados privilegiados. Solo en determinadas ocasiones esa excelencia se quiebra en la repetición de expresiones o vocablos que quizás persiguieran una intencionalidad por parte de la escritora oriunda de Irlanda.  Lo que sí no parece admitir dudas es que Bowen tuvo en mente antes de la redacción del texto la necesidad de que el contexto social y político descrito no acabara sepultando la matriz de un relato que invoca a la necesidad de amar o, en su defecto, a la pérdida de amor, peaje insoslayable para el aprendizaje y posterior proceso de maduración al que se de abocado el personaje de Stella, estableciendo un particular triángulo sentimental con Robert Kelway y Harrison, escurridizo personaje, a imagen y semejanza del Harry Lime de la novela de Greene El tercer hombre, de la que Carol Reed extrajo un film homónimo perdurable en la memoria de un sinfín de aficionados. A buen seguro Reed hubiera podido extraer un enorme partido de la pieza literaria de Bowen en sus tiempos de esplendor creativo, pero las convenciones de la época, marcadas sobre patrones masculinos, dejaron sin efecto cualquier tipo de tentativa. Reed abandonaría la práctica cinematográfica en 1973, el mismo año que se conocería el fallecimiento de Mrs. Owen, cuyas penurias económicas concentradas en los últimos lustros de su existencia harían mella en su matrimonio, en la frecuencia de sus escritos y en su propia salud. Una quincena de años más tarde, casi de manera consecutiva, Granada Televisión produjo The Heat of the Heart (1987) y En el calor del día (1989), a partir de sendas novelas escritas por la pluma de Bowen y con la participación en ambos casos de Michael Gambon antes que su nombre traspasara fronteras. Harold Pinter firmaría el libreto de esta última, apropiándose de un texto que permitía dar rienda suelta a su fijación por plasmar las tensiones derivadas de las diferencias entre clases sociales (en ese mismo alambre narrativo se mueve El sirviente, a partir de la novela de Robin Maugham). Material, por tanto, reservado a ese principio clasista que define a la sociedad británica que Pinter trataría de acomodar al formato de producción televisiva servido para una historia, la de Bowen, que hubiera podido llamarse El riesgo de la traición, el título de estreno en nuestro país de una producción inglesa de principios de los años 80. Un espacio temporal aún poco maduro para que el árbol del conocimiento de la prosa de Elizabeth Bowen diera sus frutos en forma de publicaciones traducidas a la lengua cervantina. Éstos llegarían, una vez más, gracias a la empresa editorial comandada por Enrique Redel, pero sin descuidar la contribución de los sellos Pre-texto La casa en París (2008) y el ensayo Siete inviernos: memorias de una infancia en Dublín (2008)y AcantiladoEl último septiembre (2013)—.