sábado, 31 de mayo de 2008

LO ÚLTIMO DE «COUNTING CROWS»: ROCK ITINERANTE


Poco baqueteados en los festivales musicales hispanos que proliferan como hongos desde hace una decena de años, los Counting Crows son relativamente desconocidos por estos lares. Pero los de San Francisco aún conservan la aureola de banda de rock independiente que ha vencido la criba de tanto «alternativo» que se quedó en el camino en la misma década que los vio nacer, es decir, la de los noventa. Liderados por Adam Duritz, el cofundador de los Counting Crows junto a su inseparable David Bryson, la banda californiana ofrece en su último trabajo Saturday Nights & Sunday Mornings (2008) —extraído del título (en singular) de una novela de Allan Sillitoe que alumbraría uno de los films fundacionales del free cinema—, a priori, un rock un punto más estridente, desfogado que en sus anteriores trabajos. Pero es tan sólo una impresión que se va difuminando a medida que nuestros oídos recorren los catorce temas de esta producción discográfica. Sin alcanzar la grandeza de Hard Candy (2003), pedazo de la mejor música de rock grabada a principios del nuevo milenio, Saturday Nights & Sunday Mornings es un compacto que rebosa dosis de optimismo y nos transporta por diferentes espacios físicos (lo de viajar es casi una terapia para Duritz y sus colegas a la hora de inspirarse) y emocionales puestos en positivo. Siete son nada menos que los integrantes de los actuales Counting Crows, con un legado musical a cuestas que algunos les señalan como una mezcla de R. E. M., Van Morrison y The Band, cuyo cantante, Robbie Robertson, se deshizo en elogios al escuchar su álbum de debut, August and Everything After (1993). De éste destacaría el tema Mr. Jones (Ver YoutTube), por el que muchos empezaron a seguirles la pista. Una pista que no siempre ha sido clara, pero por fortuna ahora vuelven al ruedo, sin defraudar a la parroquia tras las excelencias de Hard Candy. Ya sea montados en el «potro mecánico» del hard-rock (1492, Cowboys), en el rock más melódico con la imponente voz de Duritz marcando los tiempos (Washington Square) o en el más puro desahogo emocional que les aproxima a Antony and the Johnsons (On a Tuedsay in Amsterdam Long Ago). Si recuperáramos el antiguo formato en vinilo de caras «A» y «B» hablaríamos de dos estilos musicales bien diferenciados. Algo de ese peso de la nostalgia hay en el postrero trabajo de los Counting Crows. Evidencias: la superficie del CD está serigrafiado cuál vinilo, su formato cuadra, a escala inferior, con el de un doble vinilo, y asoma una influencia en especial que se dejaba sentir en Hard Candy. No es otra que la de Todd Rundgren, multidisciplinar músico de culto, del que se escuchan sus ecos en el tema Anyone But You. Un recorrido, en suma, por la nostalgia de una escena musical inexistente hoy en día, la de los 70, para mí sin ningún género de dudas «la edad de oro del rock». Eso sí, presentado como dos caras de una misma moneda, la de la calidad sonora en las voces y la ejecución instrumental de siete tipos que saben cada cuál que papel juegan en el engranaje de los Counting Crows. Seguiremos «contando cuervos»...

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